
Cada dia me aburria más, cada dia era más monótono, cada dia era lo mismo y yo sólo buscaba... No sé que buscaba, pero definitivamente no era lo que encontré.
Un dia, un aburrido y monotono dia, decidí salir a caminar. Un viaje sin destino definido, pero corto... o eso creia yo. Caminé, caminé y camine... encontre muchas cosas; algunas me gustaron, otras no. Conoci a mucha gente; alguna me agradó, otra no. Llegué a muchos lugares; en algunos me quedé, otros no lo soporte, en otros lo pasé bien y en algunos sólo creí hacerlo.
Pero tambien ese caminar, quedarme y luego seguir caminando, se me hizo monótono. Me aburri. Pero seguí caminando, esta vez desesperada por encontrar ese algo. Llegó un momento, en el que llegué a un precipicio, y me dije: ''O das media vuelta y sigues aguantando todo; o avanzas y te arriesgas en el precipicio''.
Opté por la segunda opción, y decidí emprender ese oscuro viaje. Pero debí preveer que nunca las cosas salen como las planeo, y hubo alguien que me encontró mientras caía.
Lo que las personas no saben, es que sé fingir, lo aprendí mientras caminaba y fingí no querer caer de nuevo por mi precipicio.
Pero las ganas de caer siguen.
Y lo que yo no sabía, es que cuando aprendí a querer, me olvidé un poco de fingir. No sé fingir con quien quiero. Menos puedo con quien me conoce un poco. Y quien lo hace, sabe que si caí esa vez, quizas no fisicamente como pretendí, pero si espiritualmente. Y de ahí no he salido. Porque ese precipicio vive dentro de mi, tanto como yo vivo dentro de el. Porque ese precipicio se convirtio en mi mundo. Y me acostumbré a vivir en el.
Un dia, un aburrido y monotono dia, decidí salir a caminar. Un viaje sin destino definido, pero corto... o eso creia yo. Caminé, caminé y camine... encontre muchas cosas; algunas me gustaron, otras no. Conoci a mucha gente; alguna me agradó, otra no. Llegué a muchos lugares; en algunos me quedé, otros no lo soporte, en otros lo pasé bien y en algunos sólo creí hacerlo.
Pero tambien ese caminar, quedarme y luego seguir caminando, se me hizo monótono. Me aburri. Pero seguí caminando, esta vez desesperada por encontrar ese algo. Llegó un momento, en el que llegué a un precipicio, y me dije: ''O das media vuelta y sigues aguantando todo; o avanzas y te arriesgas en el precipicio''.
Opté por la segunda opción, y decidí emprender ese oscuro viaje. Pero debí preveer que nunca las cosas salen como las planeo, y hubo alguien que me encontró mientras caía.
Lo que las personas no saben, es que sé fingir, lo aprendí mientras caminaba y fingí no querer caer de nuevo por mi precipicio.
Pero las ganas de caer siguen.
Y lo que yo no sabía, es que cuando aprendí a querer, me olvidé un poco de fingir. No sé fingir con quien quiero. Menos puedo con quien me conoce un poco. Y quien lo hace, sabe que si caí esa vez, quizas no fisicamente como pretendí, pero si espiritualmente. Y de ahí no he salido. Porque ese precipicio vive dentro de mi, tanto como yo vivo dentro de el. Porque ese precipicio se convirtio en mi mundo. Y me acostumbré a vivir en el.
Ahora lo unico que tengo claro es qe si nunca hubiera salido a caminar nunca hubiera llegado hasta ahí.


No hay comentarios:
Publicar un comentario